Su respiración chocaba contra su espalda. Sus brazos rodeaban su cintura.
Su dedo índice rozaba su antebrazo, de arriba hacia abajo. La habitación apenas
estaba iluminada por un rayo de sol que se filtraba entre medio de las
cortinas. Estaban en silencio, pero no era incómodo, todo lo contrario. Era
como si ese silencio expresara todo lo que querían decirse, todo lo que tenían
guardado. Podrían quedarse así por horas. Era algo de lo que nunca se
aburrirían. La verdad, no había sido fácil poder conseguir la posibilidad de
estar así de juntos, les había costado. Las oposiciones y críticas que recibían
se daban de a montones. Pero eso les enseñó a quererse y valorarse como nunca
antes. No había nada que disfrutaran más que estar el uno con el otro, no
importaba la cantidad de tiempo, y mucho menos el lugar. El simple hecho de
tenerse cerca los aislaba de todo, los tranquilizaba, los llenaba de felicidad.
Sabían que no iba a perdurar para siempre, pero eso no los detenía a que el
cariño que se tenían aumentara con cada segundo que pasaba.
Así fue, el tiempo pasó, tomaron
caminos diferentes, conocieron nueva gente; pero, ¿sabes?... Aún no se olvidan.
No hay comentarios:
Publicar un comentario