Ellos dos, tan distantes y orgullosos, tan ambiciosos por el otro. No
despejan su mente ni un segundo, se piensan 26 horas al día. Imaginan, desean,
anhelan poder admirarse a milímetros de distancia. Creen imposible la
posibilidad de demostrarse todo ese cariño que empezó como una amistad casual.
Ninguno tenía en mente acabar sintiendo algo como eso, no se lo habrían
permitido. Pero hay cosas que no son posibles de evitar, algo que no tiene
razón ni lógica, ese algo que pasa porque sí y ya. Eso que te hace tan bien y
tan mal al mismo tiempo. Ese algo tan confuso que te hace perder la
razón y la cabeza. Eso sin una definición exacta que te hace tocar el cielo con
la punta de los dedos. Ese algo que te hace tan feliz, tiene nombre y apellido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario