No nos damos cuenta pero, muchas de aquellas cosas que nos hacen sentir
bien, al cabo de un tiempo nos tiran abajo. Y nos metemos en el mismo pozo
sabiendo lo que viene después. Ella lo tenía muy claro, sabía que atarse a una persona
es una manera de sentirse vacío, vivir con ese sentimiento casi automático de
que algo dentro tuyo no está bien, que algo te falta o se encuentra fuera de
lugar. Y sin embargo lo hizo, se aferró a él como si nadie más pudiera
conseguir lo que ella necesitaba: compañía. No confiaba en nadie más que no fuera
él, no pensaba en nadie más que no fuera él, y en unas pocas semanas ya se
había vuelto su mundo.
¿Preguntas si terminó bien? No,
no lo hizo. Y todavía no logra recuperarse completamente. Después de pasar por
algo así, lo menos que se busca es salir adelante con alguna otra persona. Hay
que tener en claro que no siempre salimos bien parados de todo y que, después
de todo, aquellas cosas resultan ser personas.
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