lunes, 21 de enero de 2013

"Juntos".


Se levantó a las 06:30 am, igual que todas las mañanas. Cansada, por no haber pegado un ojo en toda la noche, tomó su típica ducha y cogió el primer vaquero que encontró junto con una blusa. Bajó las escaleras, mientras se colocaba su chaqueta favorita, y se adentró a la cocina. Abrió la alacena en puntas de pie en busca de la lata de café, lo echaba de menos. Echaba de menos despertar junto a él cada mañana, sentir sus brazos rodeando su cintura, que le brindara su ayuda cada vez que no llegaba a la alacena. Sacó todos esos pensamientos de su mente y se sirvió una taza de café negro.  
 Al terminar su simple desayuno, no dudó ni dos veces y salió de su departamento rumbo a la estación de tren. No lo negaba, estaba más nerviosa que nunca. Más que aquella vez en la que le tocó hablar frente a todo el instituto. Le sudaban las manos, iba con la mirada perdida, el no salía de su cabeza ni un segundo. Al llegar, pudo sentir como su pulso comenzaba a acelerarse. Hoy era el día, hoy volvería a verlo. Se sentó en una banca y esperó el tan esperado tren.
 No tardó ni diez minutos en llegar. Ella, impaciente, se paró de la banca en busca de esa melena rizada que tanto amaba. Una sonrisa se formó en su rostro al verlo aproximarse entre toda la multitud de gente. Estaba igual a la última vez que lo vio. Con sus rizos color castaño, sus ojos de ese verde musgo, y esos labios rosados que tanto extrañaba. Se miraban como tontos, se amaban. Tímidamente, se acercaron y se abrazaron como pocas veces en su vida lo harían. Sin esperar más, unieron sus labios en un largo y hermoso beso. De algo no cabe duda...

              Están hechos para pasar el resto de su vida juntos.

1 comentario:

  1. Me encanta lo que escribis, tendrías que ser una escritora.

    ResponderEliminar