lunes, 25 de febrero de 2013

"Había regresado".


Sus días ya no tenían sentido, todo era rutina. Se sentía vacía, sin sentimientos, sola. No tenía ganas de nada. Se aburría de su propia vida. La terrible idea de acabar con todo de la forma más cobarde pasaba por su cabeza miles de veces. Ella no era así. Era dulce, simpática, divertida. Era feliz. Hasta que la única persona que la había hecho sentir querida como nunca antes, tuvo que dejarla e irse. Y por más que él le haya prometido volver, estaba devastada, lloraba todas las noches hasta caer dormida. Parecía increíble como una persona llena de felicidad podía transformarse en una roca, fría y sin sentimientos. 
 Esa mañana se levantó, tomó una ducha helada, se vistió y salió hacia el parque. Amaba ese lugar. Quizá porque cada fin de semana caminaba por horas junto a él. Hasta el más mínimo detalle le traía recuerdos. Siempre se preguntaba si aún la recordaba, si recordaba que le había jurado volver. Un choque la sacó de tu trance, estaba en el suelo y una mano se encontraba delante de ella ofreciéndole ayuda. Se levantó dando un resoplo y levantó la mirada para ver de quien se trataba. Estaba congelada, conocía esos ojos, esas pestañas perfectamente arqueadas, cada facción de su rostro. Simplemente, no podía creerlo. Había regresado  

No hay comentarios:

Publicar un comentario